El Archivista y las Relaciones Públicas (2ªparte)

En la primera parte de este texto, se contextualizó la situación actual del archivista en relación con la imagen que socialmente se tiene de él, así como la falta de acciones concretas por parte de dicho especialista para poder incidir positivamente en la obtención de puestos de alto directivo, tanto en el ámbito público como en el de capital privado; en esta segunda parte del texto, se proponen cuatro estrategias relacionadas con las relaciones públicas y la alta dirección para poder entrar en la competencia, hasta ahora, desleal para nosotros, por puestos directivos de nivel superior.

Nadie es indispensable; el chiste es hacerse más difícilmente reemplazable

Antes que nada, es importante mencionar que eso de “nadie es indispensable” es una frase que se utiliza con fines de terrorismo y manipulación, toda vez que, si bien todos somos reemplazables (empezando por los que están en la cima de la pirámide), los que se encuentran hasta arriba nos hacen creer que únicamente los de “las masas somos los remplazables”; sin embargo, la historia (y la naturaleza, por supuesto) nos indican lo contrario: cuando asesinaron a Kennedy fue sustituido por el vicepresidente Lyndon Baines Johnson; cuando muere un Papa, un conclave decide quién será el siguiente en sustituirlo; al morir algún integrante de la realeza, es remplazado por alguien más del clan. Y ocurre exactamente lo mismo con los dirigentes y presidentes de las poderosas multinacionales: TODOS SOMOS REMPLAZABLES (ejemplo concreto: la renuncia de Azcárraga Jean a la presidencia de grupo Televisa).

En el contexto que a nosotros nos interesa, si bien esta frase (muy utilizada por los administradores y los directivos para aterrorizar) tiene cierto grado de certeza, también es verdad que hay personas que son muy difícilmente reemplazables; con esto no quiero decir que caigamos en la vieja y nada saludable práctica de volvernos indispensables por que nadie más sabe en donde están los expedientes.

Durante muchos años fue común que el encargado del archivo era el único que sabía en donde estaban los “papeles” necesarios para las gestiones; ello hacía que el pobre hombre no pudiera enfermarse ni tomar vacaciones, mucho menos jubilarse y ya no digamos que se le ocurriera morirse. No, se trata de hacernos indispensables por nuestra capacidad de respuesta y manejo de habilidades sociales (porque me queda claro que nuestros conocimientos no nos han servido de mucho para destacar, laboralmente hablando); aunque adicionalmente nosotros como especialistas tenemos esa gran ventaja que no hemos sabido aprovechar: el hecho de que somos pocos.

Así pues, algo en lo que deberíamos estar trabajando es en la auto-promoción, en este sentido, las relaciones públicas pueden ser grandes aliadas para incrementar nuestra presencia en diversos ámbitos.

Vístete para triunfar (o “el Archivísta viste a la moda”)

Es importante tener presente que como profesionistas no solo estamos ofertando nuestro conocimiento en el mercado laboral, sino también nuestra imagen. Aunque parezca exagerado, nuestra apariencia física puede ser determinante. Si han visto la película Mi encuentro conmigo (Disney´s the kid) que protagoniza Bruce Willis sabrán de que estoy hablando.

Esa cuestión del impacto de la imagen pude comprobarla cuando hace tiempo tomé un curso que originalmente me lo habían vendido como “Etiqueta y protocolo”; el caso es que terminó siendo un diplomado de modelaje (sí, leyeron bien, de modelaje, de esos en los que te enseñan a caminar en pasarela, a posar para fotografías, a utilizar ropa y colores de acuerdo a tu edad, tipo y complexión entre otras cuestiones relacionadas con el impacto social de la imagen).

Evidentemente no se trata de que nos descubra una agencia de modelos para que terminemos desfilando en alguna de las semanas de la moda de las grandes capitales, pero sí de causar un impacto positivo en los interlocutores; muchas veces la primera impresión es la única impresión.

Aunque pensándolo bien, sí podemos terminar haciendo pasarela: todos los eventos archivísticos (reuniones, encuentros, coloquios, seminarios) en realidad son eso, pasarelas en las cuales desfilan los mismos de siempre vistiendo el mismo modelito (léase mismos temas, mismas propuestas, en general, mismo discurso) pero aderezado con ligero toque kitsch que les permite legitimar su propuesta.

Dime con quién te juntas y te diré… qué tan lejos llegas

En alguna plática de café, me enteré de que un profesionista no especializado en centros documentales, había conseguido la jefatura en una biblioteca por ser amigo de un directivo; moraleja: tenemos que empezar a crear vínculos con personas que tengan poder, debemos conseguirnos aliados si queremos empezar a figurar dentro de la plantilla de altos mandos en las empresas, organismos e instituciones.

Pablo Helguera (2005) en su texto Manual del estilo del arte contemporáneo presenta una analogía muy creativa entre el mundo del arte y el juego de ajedrez, dicha analogía equipara a los involucrados (artistas, críticos, galeristas, coleccionistas) con las piezas del juego: “el rey (el director del museo), la dama (los coleccionistas o trustees), los curadores (las torres), los galeristas (los caballos), los críticos (los alfiles), los peones (los artistas).” (p. 15).

En el mundo archivístico si bien no contamos con galeristas, curadores, museógrafos ni críticos, (en el ámbito de archivos históricos y fondos valiosos, coleccionistas si tenemos) sí hay dioses, semi-dioses, reyes, príncipes y vasallos. Y por supuesto los “Archivistas de origen” hemos venido desempeñando desde hace mucho el papel de vasallos (¿hasta cuándo?). Ahora bien, dentro de la propuesta de Helguera también se hace referencia a los movimientos que realizan las piezas del juego, aunque a diferencia de los movimientos “tradicionales”, aquí éstos se desarrollan de manera multifactorial:

  • Desplazamiento social: el relacionarse con otra pieza del tablero.
  • Desplazamiento económico: el controlar una pieza o piezas a través de adquisición económica (comprando obras de artistas o contratando curadores, críticos, etc.)
  • Desplazamiento político: adquiriendo un puesto de influencia (director de una bienal, etc) (Helguera, 2005, p. 15)

En lo que respecta al desplazamiento económico este no es tan determinante, básicamente porque no hemos visualizado la cuestión del patronato o mecenazgo para el apoyo a los archivos, pero el social y el político definitivamente pueden aplicarse perfectamente en nuestro ámbito.

 De la misma manera, Víctor Roura (2004) en su muy lúcido y atinado texto “Codicia e intelectualidad” presenta un análisis de los intelectuales orgánicos, es decir, aquellos que siendo “críticos” con el Estado y el sistema pueden, sin ningún remordimiento, recibir cada mes las generosas becas, premios y estímulos que otorga “papi gobierno”, o bien, fungir como asesores de alguna dependencia gubernamental. Si bien el texto de Roura se centra en los intelectuales mexicanos, con énfasis en los del mundo de letras, ello no impide que presente anecdóticamente a intelectuales de otros ámbitos y latitudes.

Ahora me explico por que Jorge Luis Borges fue director de la Biblioteca Nacional de Argentina, porque, admitámoslo, si bien el hombre tenía oficio, de escritor por supuesto, eso no implica que tuviera el conocimiento y la experiencia necesarios para dirigir una biblioteca (y menos nacional), pero como buen amigo (aliado) de la clase política (el presidente en turno) pues…

El arte de la guerra… para Archivistas

En principio parece completamente fuera de contexto que en un ensayo acerca de la imagen y las relaciones públicas se aborde un tema como el del texto atribuido a Sun Tzu. No nos engañemos; vivimos en una sociedad con un sistema económico que nos obliga a ser extremadamente competitivos (el más fuerte, el más inteligente, el más atractivo… la lista es laaaarga), por tanto socialmente estamos inmersos (a veces de manera inconsciente) en batallas para sobrevivir, y en este caso sí estamos librando una: competimos contra profesionistas de diversas áreas porque queremos ganar puestos directivos dentro de las instituciones y empresas, luego entonces, estamos luchando por el reconocimiento social positivo, y como en la guerra y en el amor todo se vale, resultan necesario preparar un estrategia de combate; por tanto debemos adoptar una actitud más beligerante y desarrollar ciertas habilidades adicionales que nos permitan lograr nuestro objetivo:

Diplomacia. Este término (que siempre me ha parecido chocante por cierto) es la forma más aceptada de hipocresía social; en este sentido el Diccionario de la Real Academia Española presenta dos definiciones que se encuadran perfectamente en dicha caracterización: cortesía aparente e interesada” y “habilidad, sagacidad y disimulo”. Este tipo de estrategia muchas veces se convierte en la única forma de sobrevivencia laboral; la canción Odio a mi jefe de Amandititita resume bastante bien lo que es su aplicación en dicho ámbito: “yo le sonrío, de sus chistes me río; pero quiero verlo, ahogarse en el río”. En esta misma tónica se desarrolla la película Liar Liar (Mentiroso Mentiroso) protagonizada por Jim Carrey en la cual el personaje principal tiene una serie de desventuras al no poder actuar “diplomáticamente”; luego entonces, se trata de fingir para sobrevivir socialmente.

Retórica y oratoria. De acuerdo con el Diccionario de la Lengua Española la retórica es el “arte de bien decir, de dar al lenguaje escrito o hablado eficacia bastante para deleitar, persuadir o conmover” mientras que a la oratoria la define como el “arte de hablar con elocuencia”. Se trata entonces de convencer al otro por medio del lenguaje.

Recuerdo que hace varios años cuando estudiaba el bachillerato un profesor comentó: “en Derecho no gana quién dice la verdad, sino el que mejor argumenta” (¿será por eso que la materia de retórica y argumentación jurídica forma parte del plan de estudios en muchas escuelas de abogados?)

Negociación. Esta habilidad, junto con las dos anteriores, deberíamos haberla desarrollado hace muchos años, es más, deberíamos ser expertos en el tema y así no tendríamos problemas en conseguir recursos para el buen funcionamiento de nuestros archivos.

En cierta reunión archivística se le cuestionó a uno de los ponentes el hecho de que en determinada institución no les daban ni escobas; la respuesta del conferencista fue tajante: “Cambien de administrador, si su administrador no les está proporcionando lo que ustedes necesitan para realizar sus actividades entonces no esta cumpliendo con su función, no les sirve, reemplácenlo!!”. Si bien esta respuesta fue muy drástica tiene razón, hay cosas que pueden ser negociadas; hay otras que no están a discusión, se realizan o se realizan. En el caso de aquellas que pueden ser negociadas debemos tener presente la actitud ganar-ganar.

Concluyendo, los puestos directivos dependen más de nuestras relaciones y habilidades sociales que de nuestros conocimientos y preparación en determinada área, especialidad o disciplina; por tanto, debemos empezar a ejercitar dichas habilidades si queremos llegar a ocupar puestos de funcionarios superiores en las instituciones, no podemos quedarnos únicamente con los que aprendimos en la escuela, debemos tener un desarrollo integral de habilidades, conocimientos y actitudes para lograr impactar socialmente de manera positiva. Si nosotros no ejercemos el liderazgo en nuestra área (la Archivística) y en nuestro ámbito (los Archivos) es evidente que alguien más debe asumir ese liderazgo.

Bibliografía
  1. Alday García, A. (2010, Feb.). Legislación archivística mexicana federal y estatal, 1977-2009. Archivoqué Gaceta del Archivista. 4(16), 40-52
  2. Cooper, G. (2010). La biblioteca de los muertos. México: Grijalbo.
  3. Gil Paneque, C. (2010). El alto destino de los escribas. Historia y vida, XLII(507), 53-59
  4. Helguera, P. (2005). Manual de estilo del arte contemporáneo. México: Tumbona ediciones.
  5. Maquiavelo, N. (2012). El príncipe. España: Alianza editorial.
  6. Marina, J.A. (2004). La inteligencia fracasada: teoría y práctica de la estupidez. Barcelona: Anagrama.
  7. Real Academia Española. Diccionario de la lengua española [en línea]. Disponible en: <www.rae.es>
  8. Roura, V. (2004). Codicia e intelectualidad. México: Librorum.
  9. Sun Tzu. (2008). El arte de la guerra. México: Tomo
  10. Vázquez Martínez, J.A. (1995). La función social del tlacuilo, los amoxtlis y los amoxcallis. México: Escuela Nacional de Biblioteconomía y Archivonomía.