Los efectos especiales en las primeras películas de terror

Hoy en día, estamos acostumbrados a unos efectos especiales muy llamativos, ya que se han depurado técnicas como el CGI y, gracias a la tecnología digital, se puede recrear prácticamente cualquier escena por ordenador. En los inicios del cine, por su parte, los efectos especiales eran “artesanales”, aunque no por ello menos espectaculares. Un ejemplo de ello es la llamada técnica Karl Struss, desarrollada por el fotógrafo y cineasta del mismo nombre para la película “Ben-Hur” de 1925. Consiste en un uso muy ingenioso de la luz: en primer lugar, se graba la escena iluminándola de un color concreto. Cuando el color del maquillaje es el mismo que la luz, la cámara no capta ninguna diferencia de tonalidad. Tras cambiar la iluminación de la escena a un color diferente, se aprecia el maquillaje que, hasta este momento, no era visible. En esta escena de la película de terror “Sh!  The octopus”, de 1937, podemos observar esta técnica.