Un paseo por el Archivo fotográfico del Muséu del Pueblu d’Asturies. Entrevista a Juaco López y Carlos González Espina

Nos encontramos en un lugar muy bonito y especial, el Muséu del Pueblu d’Asturies, en Gijón (Asturias), que se creó en 1968 por iniciativa del Ayuntamiento y la Cámara de Comercio, Industria y Navegación de Gijón, inspirándose en los museos etnográficos al aire libre que existían en Europa desde finales del siglo XIX.

El museo comenzó a formarse con algunos hórreos y paneras de los siglos XVII al XIX trasladados desde las parroquias de Veriña y San Andrés de los Tacones, cuyas caserías habían sido expropiadas para construir la factoría siderúrgica UNINSA. Entre 1970 y 1975 se trajeron al museo dos casas hidalgas: la Casa de los Valdés (Candás, siglo XVII) y la Casa de los González de la Vega (Serín, Gijón, 1757). También se construyeron una casa campesina, un mazo para trabajar el hierro, un lagar de sidra y una bolera para la modalidad de «cuatreada».

Desde 1975, el museo sufrió una situación de abandono y sus espacios solo se utilizaban para fiestas y concentraciones políticas. En 1985, la Fundación Municipal de Cultura asumió su gestión, comenzando un programa de reformas y una intensa política de adquisición de fondos, que lo hacen un referente en gestión y difusión de la memoria del pueblo asturiano, dirigida por el que desde entonces es su director, Juaco López Álvarez, con el que tenemos la suerte de contar para esa entrevista. En esta ocasión conoceremos un poquito mas en profundidad la Fototeca del Muséu del Pueblu d’Asturies de la mano de su responsable, Carlos González Espina.

(ARCHIVOZ)¿Cómo y cuándo nace la fototeca dentro del marco del Muséu del Pueblu d’Asturies?

(JL) La misión que tiene encomendada el MPA es la conservación y difusión de la memoria del pueblo asturiano. Sus fines son enriquecer los bienes del patrimonio cultural de Asturias, así como conservar, estudiar y difundir esos bienes que son el resultado del trabajo, la creatividad y la historia del pueblo asturiano. En este marco, en el año 1992, y a instancias del Muséu del Pueblu d’Asturies, el Ayuntamiento de Gijón adquirió el archivo fotográfico de Constantino Suárez. Este fue el germen de la Fototeca del Muséu del Pueblu d’Asturies, de inmediato se procedió a la conservación preventiva, catalogación y digitalización de ese fondo, compuesto por más de 9.000 negativos. En el año2002 se organizaron dos exposiciones para la difusión de éste fondo y, posteriormente se editó un catálogo.

(CE) Sí, este fue el inicio. Desde entonces y hasta el momento la adquisición de fotografías, como soporte insustituible en la preservación de la memoria de los asturianos desde la segunda mitad del siglo XIX hasta la actualidad, ha centrado buena parte de los esfuerzos que el museo realiza en la formación e incremento de sus colecciones.

(ARCHIVOZ) Si nos centramos en los fondos que alberga la Fototeca, ¿qué nos encontramos?

(CE) Desde aquella primera incorporación del archivo de Constantino Suárez la dinámica de trabajo de la Fototeca se centró en la adquisición, preservación, catalogación, digitalización y difusión, mediante exposiciones y publicaciones. Esa estrategia se mantuvo en años sucesivos para recuperar, cuando no para descubrir por primera vez, el trabajo de algunos fotógrafos cuya obra ha pasado ya a formar parte del patrimonio y de la memoria visual de los asturianos: Baltasar Cue, Modesto Montoto, Fritz Krüger, José Ramón Lueje, Valentín Vega, Juan Evangelista Canellada, Eladio Begega, Miguel Rojo Borbolla, Francisco Ruiz-Tilve, Celso Gómez Argüelles, Luis Vallet de Montano, Gerardo Bustillo,… A las exposiciones de fotógrafos individuales se fueron sumando otras de carácter temático que descubrieron aspectos relevantes de la historia de la sociedad asturiana, como las dedicadas a fotografía y emigración (Asturianos en América), a la Guerra Civil (Asturias en guerra), Mundos de la fotografía en el siglo XIX, La dura infancia. Fotografía y trabajo infantil, Retratos con animales, al patrimonio cultural inmaterial, a las máquinas fotográficas, a la fotografía estereoscópica,…

(JL) Nuestro fondo es de lo más variado y rico, hay archivos de fotógrafos profesionales y aficionados, de fotoperiodistas y montañeros, antropólogos y etnógrafos, de periódicos y revistas (La Voz de Asturias, la Prensa, El Progreso de Asturias), así como muchas fotografías de familias, etc. También están representados todos los sistemas y formatos fotográficos, desde el daguerrotipo hasta la imagen digital, pasando por los ambrotipos, ferrotipos, negativos de cristal, rollos de 35 mm, diapositivas, etc. Es una suerte y una responsabilidad para nosotros poder ser los custodios de todos estos tesoros.

Fotografía del Fondo del Muséu del Pueblu d’Asturies

(ARCHIVOZ) ¿Cómo es el proceso de selección y adquisición de los fondos?

C.E.: La selección de fondos es una cuestión muy importante para nuestra institución, ya que a pesar de que la fotografía es una técnica relativamente joven –su acta de nacimiento lleva fecha de 1839– tuvo una evolución vertiginosa y pronto pasó de ser algo reservado para iniciados y profesionales a un entretenimiento de distinción entre las clases sociales más elevadas, ocupando progresivamente en la segunda mitad del siglo XX el espacio de las clases medias y populares. En el siglo XXI, el desarrollo de la tecnología digital ha conllevado una multiplicación en la producción de fotografías hasta niveles insospechables poco tiempo atrás, dando lugar a la sobreabundancia de imágenes fijas y en movimiento que actualmente domina todos los órdenes de la vida. Este trayecto histórico marca por sí mismo una primera línea obligada en toda política de adquisiciones. La «rareza» de cualquier fotografía de mediados del siglo XX le aporta ya de por sí un valor que es inverso al de una imagen reciente o actual, que por tiene que competir con un número incalculable de imágenes de naturaleza y contenido similar, lo que puede convertirla en un objeto banal y carente de todo valor su conservación.

Así pues, la curva de interés en cuanto a la conservación de imágenes sigue la dirección contraria a la producción histórica. Cuanto más nos alejamos de los orígenes y más cerca estamos del presente, más necesaria se hace la selección negativa. Y es que nadie tiene capacidad para custodiar todas las fotografías o dicho de otro modo, no todas las fotografías pueden ni deben ser conservadas. Bien es cierto que la amplitud temática que conlleva la misión encomendada al Muséu del Pueblu d’Asturies –conservar la memoria de los asturianos–, alcanza a casi todos los órdenes de la vida –doméstico, laboral, social, ritual..– y que no hay fotografía relacionada de un modo u otro con Asturias que no pueda ser susceptible de aportar algo a los investigadores, estudiosos o curiosos del presente o del futuro. Pero precisamente por ello la ingente cantidad de fotografías que podrían ser de nuestro interés, desde el punto de vista de la misión del museo, supera con mucho las posibilidades de almacenamiento y conservación. Se hace por tanto imprescindible, antes de tomar la decisión de incorporar fondos fotográficos a nuestras colecciones, establecer lo que Ángel Fuentes llamó «principio de competencia»:

“Si los  nuevos registros no se adecuan a sus fines fundacionales o no completan de manera clara los planteamientos establecidos por los criterios que rigen el que se colecciona, el ingreso carece de sentido ya que genera un gasto que no podremos rentabilizar y que compromete nuestros recursos económicos. El prestigio de una institución no descansa sobre la cantidad de los bienes en custodia sino sobre la cualidad de los mismos”.

(JL) Los criterios de selección se aplican por igual a todas las formas de incorporación de fotografías, ya se trate de compras, donaciones, depósitos o de la cesión de imágenes para su digitalización. Todo lo cual no nos exime de tener siempre una actitud proactiva en la selección pues el patrimonio fotográfico no llega por sí solo al museo. Aunque parezca una perogrullada, en primer lugar es preciso acceder al conocimiento de su existencia, para lo que resulta muy importante contar con la ayuda de informadores y colaboradores. En nuestro caso los conocimientos y la implicación de este tipo de aliados ha resultado fundamental a la hora de descubrir y de incorporar fondos a la fototeca. Ellos nos abrieron puertas, sirviendo como introductores en ámbitos privados y familiares en los que se encontraban algunas colecciones fotográficas de gran valor. Muchas otras fotografías llegaron a nosotros tras investigaciones, búsquedas, gestiones, negociaciones con proveedores, compras en librerías de ocasión, anticuarios, rastros;… salvándose así de la definitiva desaparición, en la que sí cayeron muchos archivos fotográficos de interés, en ocasiones por causa de fuerza mayor (guerras, inundaciones,…) pero muchas otras veces a causa del desconocimiento de su valor por parte de quienes eran sus dueños o depositarios.

(ARCHIVOZ) La cantidad de formatos de origen, del material gráfico existente, hará que se tenga que tener una especial atención con el tema de la conservación, ¿Cómo abordáis este tema?

(JL) Efectivamente, así es, uno de los desafíos más importantes para quienes nos enfrentamos a la conservación del patrimonio fotográfico tiene que ver con la heterogeneidad de soportes, técnicas y morfologías que se encuentran representados en nuestros fondos.

La propia naturaleza de esos soportes fotográficos es de una complejidad que los hace frágiles, inestables y vulnerables a la influencia de numerosos condicionantes ambientales, especialmente la humedad relativa del aire y las temperaturas elevadas, aparte del peligro de agresiones de elementos biológicos como los hongos.

En correspondencia, la variedad de procesos y técnicas de conservación que es necesario poner en práctica viene determinada por esa diversidad de soportes fotográficos con los que tratamos, tanto flexibles (papel, película) como rígidos (vidrio, metal, cerámica…); de sus aglutinantes o emulsiones (colodión, albúmina, gelatina…); de las imágenes resultantes (daguerrotipo, ambrotipo, ferrotipo,…); así como de los elementos asociados, también de naturaleza plural. A todo ello hay que añadir las condiciones específicas en el estado de conservación de cada pieza, de sus posibles percances físicos, como roturas, arañazos, suciedad superficial, exfoliaciones…; de deterioros de carácter químico, como manchas por contacto, corrosión, oxidación, acidez, sulfuración, cambios de color…; y de daños de carácter biológico, fundamentalmente hongos pero también insectos o roedores.

(CE) Las precauciones en el momento de realizar el ingreso son de suma importancia en la conservación de fondos fotográficos. Siempre es necesario redactar un documento en el que se relacionen los componentes del fondo y se deje constancia por escrito de todos los datos disponibles referentes al origen, procedencia y estado de conservación de los materiales a incorporar. Cuando dichos materiales presenten dificultades especiales, es conveniente encomendar un diagnóstico a conservadores profesionales especializados, a los que, en su caso, se contratarán aquellos procesos de tratamiento que desborden las posibilidades de personal y medios técnicos propios del museo.

En aquellos casos en los que el estado de los materiales a incorporar es susceptible de contaminar a los preexistentes, comprometiendo su conservación, se procede a segregarlos temporalmente en un espacio de cuarentena. Por el contrario, a los que no presenten este tipo de problemas se les aplica el protocolo de conservación preventiva habitual, que incluye su limpieza, la protección directa y el almacenamiento. Sin duda es un trabajo delicado, que tratamos de realizar con el mayor rigor de que somos capaces.

(ARCHIVOZ) Tan importante o más que albergar y custodiar los fondos es el tratamiento de los mismos para su preservación y posterior difusión. ¿Existe alguna política de la institución en ese aspecto?

(CE) Un aspecto fundamental hoy en día en la conservación de fotografías es su digitalización, pues permite multiplicar las posibilidades de acceso a las mismas y su explotación y difusión, preservando la integridad de los soportes originales. La Fototeca de Asturias viene digitalizando fotografías desde sus inicios, para lo que dispone de varios escáneres profesionales planos de doble foco. Actualmente tiene digitalizadas más de 200.000 fotografías, labor que se realiza de manera regular y metódica con los nuevos fondos que se incorporan, cuando el número de originales así lo permite, así como en la atención a consultas de investigadores.

Los archivos resultantes del proceso de digitalización se organizan siguiendo el mismo esquema de fondos y colecciones, configurando un correlato virtual del almacén físico. El proceso de archivo se realiza en el servidor del Ayuntamiento de Gijón (que genera copias de respaldo de manera automática) y además en varios discos duros externos en el propio museo. De cada imagen se guarda el archivo máster en tiff y se realizan versiones en alta y baja resolución en jpg. En 2018 se ha dado un impulso a los procesos de digitalización al contratar a una empresa externa la digitalización de fondos muy voluminosos, que desbordan las posibilidades del museo. Estas labores se realizan siguiendo las prescripciones del museo, entre las que se incluye la incorporación de metadatos en los archivos digitales. 

(JL) Actualmente, para la descripción de los fondos del MPA se utiliza el sistema de documentación y gestión museográfica Domus, pero por lo lento y minucioso que resulta el proceso de catalogación en Domus, solo una pequeña parte de las fotografías conservadas en el MPA se puede catalogar de manera individual. El número de registros con los que tratamos es de tal magnitud que se impone la necesidad de contar con otro tipo de herramienta que dé solución al control y gestión de las decenas de miles de archivos digitales que se generan.

(CE) Por este motivo estamos en proceso de cambio, y vamos a incorporar el sistema de gestión de activos digitales FotoWare, con capacidad para organizar y gestionar grandes cantidades de archivos y automatizar procesos muy complejos. Pronto la implementación de Fotoware será una realidad que va a significar un salto importante en la relación del museo con la sociedad puesto que posibilitará la consulta directa vía web de todas las fotografías que se encuentren digitalizadas.

(ARCHIVOZ) Nuestra revista tiene una importante presencia en Latinoamérica y sabemos que albergáis un fondo con mucha relación con los emigrantes asturianos de la época. ¿Podéis contarnos algo?

(CE) Las fotografías enviadas por los emigrantes asturianos en América constituyen una de las colecciones principales de la Fototeca de Asturias, y esta importancia tiene mucho que ver con la preponderancia de la emigración a aquel continente y el papel tan destacado que tuvo la fotografía para mantener el contacto entre los emigrantes y sus familias en Asturias. Estas fotografías muestran los lugares de trabajo de los emigrantes, sus viviendas, su vida social alrededor de los centros asturianos y las sociedades españolas, sus retratos y los de sus familias, las poblaciones en las que residían, etc. Lógicamente todas estas fotografías muestran la imagen que los emigrantes querían transmitir a sus familias, y en ellas no se ven miseria ni sufrimiento. La mayor parte de las fotografías están hechas en Cuba (La Habana, Cienfuegos, Cárdenas, Pinar del Río), Argentina (Buenos Aires, Pehuajó, Córdoba, Tres Arroyos, La Plata, Río Gallegos) y México (México DF, Puebla, Tampico). También hay de Uruguay, Perú, Chile, Puerto Rico y EE. UU. de América.

(ARCHIVOZ): ¿Un fondo especial para vosotros?

(CE)Por su importancia y por tratarse del primero que se incorporó a nuestra Fototeca, elegiría el fondo fotográfico de Constantino Suárez (1899-1983) que fue reportero gráfico de varios periódicos y revistas durante los años veinte y treinta del siglo XX. Por las circunstancias que le tocó vivir, se convirtió en un adelantado de lo que hoy se llama fotoperiodismo, siempre atento a los hechos ordinarios y extraordinarios de su tiempo. Destaca por la fuerza de las imágenes que tomó en primera línea durante la Revolución de Octubre de 1934 y en el frente y la retaguardia durante la Guerra Civil, desde el bando republicano. A pesar de que desde 1937 su trayectoria profesional estuvo marcada por la cárcel y la represión, continuó siempre haciendo fotos. Tuvo el cuidado de conservar miles de imágenes capaces de escribir por sí solas la historia social de Gijón y de Asturias durante décadas.

(JL) Aparte de los fondos fotográficos, son muy destacables en el MPA otras colecciones documentales como la de correspondencias, en especial las cartas que enviaban los emigrantes asturianos en América a sus familias, que en estos momentos suman varios miles, o la de carteles, exponente del altísimo nivel artístico y técnico que alcanzaron las artes gráficas en Asturias. En cuanto a los fondos de piezas museográficas el museo tiene una gran colección que abarca todos los ámbitos de la vida, tanto del mundo urbano como rural; merece destacarse la colección de instrumentos musicales que integra el denominado Museo de la Gaita. 

(ARCHIVOZ) Muchísimas gracias a los dos por mostrarnos un poquito del Muséu del Pueblu d’Asturies
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