“Una correcta catalogación sería un trabajo más importante que la digitalización en muchos casos”: Entrevista a Francisco J. Leira, técnico de la Biblioteca Franciscana de la Provincia de Santiago de Compostela

Una buena gestión en la catalogación de los fondos implica un buen conocimiento sobre el material disponible en los centros, bibliotecas y archivos. Así podríamos resumir la entrevista a Francisco J. Leira, técnico de la biblioteca Franciscana Provincial de Santiago, rica en contenido patrimonial y cargada de historia conservada por los frailes Franciscanos.

(ARCHIVOZ) Hola Francisco, por lo que se puede ver en la web de la Biblioteca Franciscana de la que actualmente eres técnico, esta está dividida en la biblioteca Provincial de Santiago, las conventuales y equipos de trabajo. Como técnico bibliotecario de la misma, háblanos un poco sobre estas divisiones.

(Francisco Leira) La Orden Franciscana, igual que otras órdenes religiosas, se dividen en provincias, en este caso yo soy el técnico de las Bibliotecas franciscanas de la Provincia de Santiago. Esta es la que podemos denominar como “central”, debido a que, coloquialmente hablando, Santiago de Compostela es “capital” de la provincia. La misma abarca territorialmente a Galicia, el norte de España, Zamora, Salamanca y la custodia de Venezuela. En Santiago los franciscanos se asentaron en el siglo XIII, cuando llegó san Francisco a la ciudad y le encargó a Cotolay la construcción de una fraternidad en la ciudad. Allí es donde se encuentra actualmente la biblioteca “central” de la orden y una de las más importantes de Galicia gracias a la calidad del patrimonio bibliográfico con unos 80.000 libros de fondo antiguo y 72 incunables. Por otro lado, las conventuales son las dependientes de los conventos, se basan sobre todo en los libros y revistas académicas para la formación constante de los frailes. Como se puede observar en la web, son bastantes bibliotecas. La excepción es la del convento de Herbón, que fue un seminario franciscano y por este motivo cuenta con numerosos libros de fondo antiguo y una excepcional hemeroteca.

El director es el fraile Miguel de la Mata Merayo. Desde hace dos años, cuando ambos llegamos a nuestros respectivos puestos (cuando a mí me contratan y a fr. Miguel de la Mata lo nombra el gobierno de la provincia bibliotecario) se inició un proyecto de informatización del catálogo y una puesta en valor del patrimonio bibliográfico, con varias actividades realizadas a lo largo del curso académico, firmando un convenio con las universidades gallegas o con la creación de la página web (www.bibliotecaofmsantiago.com)

(ARCHIVOZ) Dentro de la red de bibliotecas franciscanas, en general, hay distintos fondos: fondo antiguo y distintos fondos dedicados a frailes concretos, ¿por qué motivo se lleva a cabo esta división en los fondos?

(FL) El fondo antiguo son todos los libros que tienen más de 100 años, con un importante valor patrimonial. En total tenemos 100.000 volúmenes, repartidos entre el convento de Herbón y la biblioteca de Santiago. Son libros con variadas temáticas, desde una colección de biblias verdaderamente importante, pasando por libros de estudio teológico o de derecho canónico hasta historia, historia del arte o literatura. Es una biblioteca muy rica, que contiene un total de 72 incunables y posincunables.

El resto de fondos, son fondos que pertenecieron a frailes que ya fallecieron, y considero que forman una unidad en sí misma para luego poder estudiar la memoria histórica de la provincia. Conocer que leía, estudiaba y escribía cada fraile, que es conveniente decir que hubo grandísimos estudiosos en numerosas temáticas. Dentro de estos fondos se pueden destacar los de fr. Atanasio López, un excelente historiador y miembro de la Real Academia de la Historia; fr. Darío Cabanelas, estudioso del mundo árabe y profesor de la Universidad de Granada; fr. José María Oro, uno de los mejores medievalistas gallegos y miembro de la Real Academia de la Historia o fr. Samuel Eiján, un enorme literato, reconocido por sus contemporáneos que además ocupó el cargo de ministro provincial. Asimismo, contamos con un importante fondo sobre Tierra Santa, es decir todos los libros relacionados con Jerusalén, donde existen volúmenes que reflejan la misión que tenían allí la provincia franciscana. Hay que tener en cuenta que los franciscanos del convento de San Francisco, tras la desamortización de Mendizabal, en 1836, cuando volvieron a los conventos, lo hicieron como “Colegio de misioneros de Tierra Santa y Marruecos”, es lógico que ara la formación de los frailes naciese ese estupendo fondo bibliográfico poco común en Galicia y España.

(ARCHIVOZ) Entonces, podríamos decir que la división que se usa personalmente por Fraile para los fondos, ¿contienen, en cierto modo, documentos personales?

(FL) No, documentos personales como tal no, son, digamos, sus libros personales y con los que han trabajado. Consideré no que sería mejor no mezclarlos. Creo que tener el fondo de una persona que estudió, por ejemplo, el caso de fr. García Oro (grandísimo estudioso del Medievalismo o del Cardenal Cisneros) tienen un valor en sí mismo. De este modo, quitar esos libros de ese sitio para ponerlo con los libros de historia era como quitarle importancia a la biblioteca personal de una persona relevante. Su documentación personal se encuentra en el Archivo de la Provincia franciscana de Santiago.

(ARCHIVOZ) Por lo que podemos observar, usáis un criterio propio de clasificación, cuéntanos un poco en que se basa, el sistema y pautas para esta clasificación.

(FL) Lo que usamos es el programa Koha de gestión de bibliotecas, entonces dentro del programa usamos una división en función del tipo de libro o colección que manejamos. La biblioteca Provincial se divide en biblioteca monumental, donde se encuentra todo el fondo antiguo, en la biblioteca del antiguo Coristado (llamado así porque era el lugar de estudio para los que querían entrar en la orden y se les conocía como “coristas”, porque cantaban en los coros) y de las bibliotecas conventuales. La catalogación se realiza del mismo modo que cualquier biblioteca con fondo antiguo, siempre señalando las particularidades que pueda tener ese volumen en concreto para favorecer la búsqueda de e interés del investigador.

(ARCHIVOZ) La biblioteca tiene un patrimonio riquísimo, y tenemos constancia de que hay ejemplares de los primeros libros impresos en España, nos gustaría saber cómo tratáis estos documentos y qué otro tipo de documentos de carácter patrimonial hay en las Bibliotecas Franciscanas.

(FL) Como he dicho anteriormente contamos con 72 incunables y posincunables. Los tenemos en un lugar apartado donde está asegurado tanto su seguridad ante robos o incendios como para su conservación. En este último aspecto tenemos en cuenta los últimos estudios sobre las condiciones de humedad y temperatura que han salido en los últimos años. Se puede destacar, por ejemplo, las biblias de Nicolás de Lira, que fue un pensador Franciscano y especialmente o El tratado de Misa de Alfonso Madrigal el Tostado. Según el ISTC, que es un catálogo donde se encuentran todos (o casi) los incunables del mundo realizado por la British Library, nuestra biblioteca cuenta con un ejemplar de los dos que existen en bibliotecas, el otro se encuentra en EEUU. Luego también tenemos atlas de gran importancia y preciosos a ojos de cualquier amante de los libros antiguos; sin ir más lejos, el otro día catalogando una parte de la biblioteca, una estudiante en prácticas encontró un libro de mapas que era una auténtica maravilla que tras una tasación que realice posteriormente, si estuviese a la venta podría llegar a los 200.000 €.

La colección de biblias es también impresionante, es digna de hacer un estudio tanto desde la perspectiva de la documentación o estudio del libro antiguo como de arte por los grabados, emblemas o serigrafía que contienen. Es decir, es una biblioteca que abre la puerta a muchos tipos de estudios: arte, historia, geografía, teología o filosofía. Luego también disponemos de un postincunable como por ejemplo la primera edición de la biblia poliglota del cardenal Cisneros: escrita en hebreo, griego y latín, una auténtica maravilla que podría ser estudiada de muchos puntos de vista.

(ARCHIVOZ) Respecto al proyecto que estáis llevando a cabo “Apadrina un libro”, ¿qué nos puedes contar sobre la iniciativa? Me imagino que su objetivo será la conservación del patrimonio, ¿no es así?

(FL) Sí, una iniciativa para la conservación y restauración de libros. Realmente es aportar una cantidad simbólica de cinco euros, que realmente no llega ni para comprar ni una cuarta parte del material necesario para la restauración, pero por lo menos se espera que sirva para que nazca una unión y conocimiento entre la sociedad civil y el patrimonio bibliográfico, y que comiencen a conocer los libros antiguos y darle el valor que verdaderamente tienen. Esas son las dos vertientes de la iniciativa: la restauración y llevar el libro antiguo, de una forma simbólica, a la casa de las personas y que entiendan su historia, sus partes, su creación, la restauración, etc. Realmente, permitimos que la gente aporte la cantidad que quiera y se le entregará un justificante para que la aportación la pueda desgravar en Hacienda. Asimismo, a medida que se va realizando el trabajo en el volumen se le sacan fotos y se le informa al apadrinador el proceso de restauración para así hacerlos partícipes de los proyectos que desarrollamos. Es una iniciativa simbólica que esperamos que tenga éxito.

Los trabajos de restauración se realizan en un taller, que se encuentra en el Centro sociocultural Juan XXIII, que también pertenece al convento Franciscano, donde se hace el trabajo de restauración y conservación, pero también como las encuadernaciones y cursos sobre todo lo relacionado con este tema. Realmente un trabajo espectacular y trabajan con una excelente profesionalidad. Decir que las restauraciones, siguiendo las nuevas tendencias que defienden los estudiosos sobre el tema, tiene que tener la menor intervención posible, el objetivo no es poner un documento del siglo XVI lo más bonito posible, sino conservarlo para que pueda ser consultado, manteniendo en todo lo posible su originalidad.

Quiero remarcar que no es una idea propiamente nuestra, esta iniciativa vi que la desarrollaban en la biblioteca de la Universidad de Barcelona, algo que refuerza mi idea como director técnico de estar en constante contacto con los últimos estudios que se publican en las principales revistas y de las iniciativas hechas en bibliotecas tanto públicas como privadas.

(ARCHIVOZ) En el eje de esta iniciativa por la conservación del patrimonio… ¿crees que este hecho está olvidado a nivel estatal?

(FL) Si y no, existe un entramado legislativo nacional y autonómico que no se puede llevar a cabo de la manera que nos gustaría a los profesionales a causa de que no hay fondos o ayudas públicas. En definitiva, las partidas de dinero destinada a estas labores de conservación de patrimonio son escasas. Los profesionales de la archivística y de la biblioteca, estamos de alguna manera olvidados y se obvian nuestras opiniones sobre que labores se deben realizar en estos centros.  Por ejemplo, en los últimos años hubo un boom para la realización de proyectos de digitalización de algunos fondos, mientras que hay archivos municipales o judiciales que están en una situación crítica. Una correcta catalogación sería un trabajo más importante que la digitalización en muchos casos, porque primero hay que saber que tiene un archivo, un centro documental o biblioteca de fondo antiguo, antes de digitalizarla. Pero las autoridades quieren realizar el proceso al revés pues da más réditos políticos. También es conveniente reivindicar que faltan profesionales, una buena oferta de empleo público para poder catalogar esos archivos o centros de documentación. En el caso de las bibliotecas de entes privados como la nuestra deberían existir más ayudas donde la financiación fuese compartida pero el Estado ayude de algún modo, pues son volúmenes que pertenecen a su patrimonio nacional.

Luego a nivel social creo que también existe cierto olvido, por falta de una educación y sensibilidad sobre lo que tenemos y lo que significa (de ahí el proyecto de “apadrina un libro”), pero también (puesto que no quiero echar solo la culpa al estado) por falta de que los profesionales que nos dedicamos a esto nos abramos más y expliquemos a la sociedad la importancia de nuestro trabajo, lo que significa y lo que significó a lo largo de la historia. Yo pienso que los profesionales de este sector tenemos que procurar abrirnos más, llevar a cabo más iniciativas y colaborar con entes de la sociedad civil.

Por ejemplo, hacer jornadas para niños/as de primaria organizadas entre la biblioteca y los colegios para enseñarles de una forma amena los libros antiguos e incluso que puedan tocarlos (con todas las precauciones posibles) para que vean las diferencias con los libros actuales. No solo verlos desde una vitrina, los libros son para tocar, para leer, con sumo cuidado y vigilando la forma en que se hace, esto siempre gusta más, llama más la atención y despertaría más el interés. También hacer exposiciones temáticas con otras instituciones, visitas de alumnos de secundaria, bachillerato e universidad. Talleres temáticos. De este modo, creando poco a poco una conciencia en la sociedad se podría conseguir que el estado invirtiese más.

 

Muchas gracias Francisco, por dejarnos conocer desde tu punto de vista y experiencia el interior de la Biblioteca Franciscana y ser conocedores del Patrimonio tan valioso que se alberga en ella.